SELVA NEGRA, ALEMANIA

Esta vez os acercamos a nuestro viaje a La Selva Negra ( Schwarzwald ) en Alemania, una región montañosa ubicada al suroeste de Alemania, en el estado de Baden-Wutemberg y con una superficie  de 6000km², y que al sur delimita con Francia y Suiza. Las principales ciudades son al sur Friburgo y al norte Freudenstadt. Se extiende desde Karlsruhe en el norte hasta Basilea en el sur.
Aunque no sea ni selva ni sea negra, se le llama así, y según la teoría mas apoyada en la zona, por el nombre que le pusieron los romanos, Populus nigra, inspirados en la oscuridad que caracteriza el tránsito y los caminos por los espesos bosques. Según otra teoría menos apoyada, es por el color oscuro que dan los densos bosques de abetos al paisaje.
Después de estar conociendo Alsacia (Pincha para ver), de Estrasburgo hemos entrado a tierras de la Selva Negra.
Nuestra primera parada será, Steinach Schwarzwald, en la Selva Negra Central. Ya era al anochecer, ya que veníamos de pasar el día en Estrasburgo, y simplemente nos acercamos al camping. La verdad es que la primera impresión no fue muy buena, ya que nos pusieron en un hueco que tenían por ahí, que ni siquiera creemos que fuera una parcela, nos costo 46 euros, y habíamos visto que tenia piscina, pero resulta que era como en muchos campings de la zona, te daban un pase para la piscina municipal. Tuvimos que pedirles el pase, ya que en un principio no nos lo dieron, y la verdad es que nos pusieron alguna escusa de que si nos íbamos al día siguiente… pero al final conseguimos que nos los dieran. Como he dicho, la primera impresión fue ver que los alemanes no eran muy simpáticos (nosotros no sabemos alemán y ellos parece que ingles no mucho..), que por el precio del camping, 46 euros, las cosas ya se veían mas caras, lo que nos aliviaba era, que la cerveza estaba buena y barata, jejeje

Después de un bañito a la mañana, empezamos a conocer los pueblos, Gengenbach fue nuestra primera parada. En este precioso pueblo, en donde se dice que grabaron los exteriores de Charlie y la fabrica de chocolate, podremos callejear disfrutando de sus edificaciones. Aparcamos el coche fuera de la antigua muralla, y accedemos al pueblo pasando por debajo de la torre que servía de muralla;

Torre Kinzig, la cual era la más alta,  lugar de vigilancia y protección  frente a  los ataques, puerta de acceso a la ciudad y hoy en día conserva el arco de entrada con un rastrillo levadizo. En la torre se puede visitar el Museo de Historia Militar de la Guardia Ciudadana, tiene seis plantas en las cuales esta la opción de ver  medios de defensa de la antigua ciudad. También  podemos apreciar su reloj, campanario y el águila imperial que recuerda el pasado de la ciudad como Ciudad Imperial Libre.
Accediendo por esta puerta, empezamos a apreciar las casas parecidas a las de Alsacia, con sus entramados de madera. Poco mas adelante llegaremos a la plaza del mercado ( Markplatz), con la fuente del mercado en el centro, es del siglo XVI y se encuentra decorada con flores ofreciendo una bonita estampa. En esta plaza se sigue colocando el mercado semanal como antiguamente y nosotros coincidimos con un mercado.
Esta plaza confluye las tres calles principales, y desde aquí pudimos ver la segunda torre de entrada, la Torre Obertorturm
.
En esta torre, pudimos subir a su pequeño balcón que daba al interior de la ciudad y pudimos ver las vistas hacia la plaza del mercado. Cuando bajamos de aquí, nos dimos cuenta que en el suelo había unas chapas de metal que señalaba el camino, y estas nos sirvieron para ver la ciudad. Nos guiaron hacia las calles más típicas de Gengenbach: la Engelgasse y la Höllegasse, o lo que es lo mismo, los callejones del Ángel y del Infierno.
en ellas, además de disfrutar de su belleza, pudimos ver los murales que tenían alguna de las casas, en las que se podía ver la historia de aquellas fachadas, algunas quemadas y vueltas a reformar.
Después de una vueltita, y con el apetito abierto, nos comimos unos flammkuchen ( especie de pizza pero con base de nata), que tanto nos gustaron.
Ya con la tripa llena, nos dirigimos a las cascadas de Allerhillegen-wasserfällen, las cascadas de Todos los Santos, se encuentran en el territorio de la ciudad de Oppenau, a una altitud de unos 500 m por encima de NN. Subimos desde la carretera que viene pasando de Oppenau, y aparcamos en el primer aparcamiento, donde nos espera una entrada
A partir de aquí, seguiremos la ruta que nos marcan, que discurre por una pasarela a través del bosque en la que iremos viendo la cascada con sus siete saltos de agua
El paseo es muy bonito, y no de mucha duración, el único inconveniente es que no es accesible para todo el mundo, ya que como se aprecia en alguna foto, hay que subir escaleras. Al final de este recorrido, nos encontramos con un monasterio en ruinas, donde tenemos otro aparcamiento gratuito para ver las cascadas.
Finalmente, nos acercamos al área de Opennau. Un área gratuita, al lado de las piscinas, bastante nivelada y con servicios. Allí, cena alemana y enseguida a la cama!! Serian las diez cuando nos metimos dentro de la furgo, y éramos los últimos, como durante todos los días que nos quedan por delante.
Al día siguiente, comenzamos subiendo para arriba en el monte para conocer el lago Mummelsee, el lago glaciar situado a mayor altura de la Selva Negra. Aunque es un lago muy turístico, ya que la  denominada carretera alta de Selva Negra  ( B 500 o La Schwarzwaldhochstrasse) pasa por allí, una  carretera que recorre la Selva Negra desde Baden-Baden hasta Freudenstadt, de unos sesenta kilómetros de carretera de increíbles vistas panorámicas, el lago merece la pena, y no tardas mucho en darle la vuelta a sus 800metros de perímetro con pasarelas muy accesibles y recorrido fácil de hacer.
Y además, aquí, probamos por primera vez la Tarta Selva Negra, que no tiene que ver nada con la que conocíamos. La que nosotros conocíamos, tenia piña, esta no tiene piña, tiene cereza y licor de cereza, pero si esta bien hecha no tiene demasiado, a nosotros la verdad es que nos gusto mucho y nos costo unos 3 euros la ración.
De ahí, nos dirigimos hacia un pueblo llamado Forbach, y de camino, pasamos un montón de pistas de esquí, y en una de ellas, vimos un bobsleigh en el monte (una especie de trineo que va sobre dos carriles), y como no, tuvimos que parar. Pensábamos que nos saldría mas caro, pero por 14 euros montamos los cuatro, el pequeño con un adulto, porque no llegaba a la altura mínima de 1,5 metros.
Nuestro siguiente destino, Forbach, es un municipio de gran dimensión, ubicado en el valle del rio Murg, en el que dimos una vuelta y aprovechamos para comer, pero al que básicamente fuimos a ver su puente de madera, el  mayor puente cubierto de madera  en Europa, que existe en su forma actual desde 1778 y en el que hoy en día todavía se puede circular.
Nos gusto y sorprendió gratamente el puente, y contentos por habernos acercado hasta allí, nos dirigimos hacia el siguiente destino, ​Forbach.
En Ottenhöfen, fuimos al campingplatz Murhof, que nos encanto. Esta al lado de las piscinas naturales del pueblo, en un alto, y es como un área privada con todos los servicios, aseos, duchas, lavaderos, lavadoras incluidas. Se paga en una maquina, y también tiene una maquina expendedora con las cosas básicas. Precio de un día fue de 27euros para los cuatro, y había que coger ficha para la ducha, costaba un euro, pero la verdad es que duraba bastante.
Después de coger la plaza, nos acercamos a las piscinas naturales que están al lado, unos 5 minutos a pie. Como nosotros solo fuimos a la tarde, nos costo 2 euros a los adultos y 1,5 a los chavales. Las piscinas naturales están muy bien, tienen toboganes, trampolines y diferentes piscinas con distintas profundidades, y su peculiaridad es que no tiene cloro, y la limpieza del agua la hacen las plantas que están en el agua.
Al día siguiente, hicimos una pequeña ruta para ver molinos de agua. Son unos 4 km, no es muy difícil, ya que tendrá unos 100metros de desnivel.

Nos ponemos en carretera de nuevo, en la B 500 ( la que antes mencionamos que atraviesa la Selva Negra), hasta llegar al aparcamiento de Lotharpfad. Desde aquí empieza la ruta circular entre pasarelas y bosque, que haremos aproximadamente en media hora, y recorreremos 1 kilometro, con muy poco desnivel, pero que por la altura en la que se encuentra, nos permitirá disfrutar de buenas vistas.

Es un lugar en el que después de que en 1999, el huracán «Lothar» arrasase profundamente el bosque en los picos del norte de la Selva Negra, puedes experimentar cómo se desarrolla la naturaleza después de aquella tormenta, sin intervención humana y el poder con el que se crean nuevos bosques. Muchos insectos y hongos encontraron nuevos hábitats en la madera muerta y los árboles jóvenes crecen salvajemente hacia arriba.

Una vez vista esta maravillosa creación de la naturaleza, por supuesto acondicionada por el humano, nos dirigimos hacia Freudenstadt, donde hemos comido en el alto de la colina, donde está la torre de Fiedeich -Duque o Fiedrichstrum un mirador excepcional a unos 740 metros de altura ( donde se puede pasar un poco mal si tienes vertigo, lo digo por esperiencia), desde el que podemos ver el paisaje en un ángulo de 360 Comer en este parque fue una maravilla, al lado de la ciudad pero, en un sitio privilegiado y con aire limpio y fresco.Una vez habiendo bajado de esta colina e ir viendo la curiosa y lograda arquitectura, llegamos a la plaza del mercado, donde  al sur esta la iglesia característica de la ciudad
además, era un día de mucho calor, y aunque no íbamos preparados para ello, improvisadamente los niños terminaron refrescándose en los chorros que hay en la plaza. terminamos el día conociendo Schiltach, un pueblo que nos encantó. Este pueblo se distingue por haber conservado su casco histórico medieval. Paseando por sus callejuelas o bordeando el rio, podemos disfrutar de estas casas con los entramados de madera y sus tejados en punta, que denotan su estilo germánico.
Nos acercamos al Marketplatz, donde nos encontraremos el bello edificio pintado al fresno, del  antiguo ayuntamiento.
Así como en frente de este, el museo de la farmacia, una farmacia que fundada en 1837. En 1985 dejó de funcionar como tal y fue reabierto en 1989 como museo, con su interior preservado de valiosa madera. Cuando llegamos nosotros estaba cerrado, y no lo vimos, pero hemos leído que se guardan instrumentos de medición, botes  para los medicamentos, ilustraciones, y variados objetos de la época.
El horario es;
1 de abril al 31 de mayo 2:30 p.m. a 4:30 p.m.
1 de junio al 31 de octubre 10:30 a.m. a 12:00 p.m.,
2:30 p.m. a 4:30 p.m.
1 de noviembre al 31 de marzo Vacaciones de invierno
y cuesta 3 euros la entrada.
En Schiltach también hay mas museos, nosotros nos acercamos al Schüttesägemuseum
El Schüttesägemuseum muestra en sus tres exposiciones los temas de los gancheras ( que bajaban las maderas haciendo una especie de rafting), la curtiduría y la industria de la madera. Este museo, es pequeño, pero te deja ver un poco la historia del pueblo y como trataban la madera y las pieles, y es gratuito. Esta abierto,
Abril a octubre todos los días de 11 a. m. a 5 p. m.
De este maravilloso y precioso pueblo que no aparece en muchas listas de viajes por la Selva Negra, pero que nosotros recomendamos al cien por cien, nos vamos al sí conocido en las listas, Triberg.

En Triberg veremos varias cosas, para empezar, desde la carretera veremos el que es el mayor reloj de cuco, según la placa que hay de récord Guinnes. El péndulo de este reloj, mide 8m, el cuco pesa 150kg y el mecanismo mide 4,50m x 4,50m. Puede verse gratis desde fuera y esperar a la hora en punto para ver el cuco, o pagar una visita guiada para conocer el mecanismo por 2 euros la entrada.

También hay una  tienda-museo de libre entrada, donde podremos ver relojes de cuco de toda clase, y comprar uno, ya que nos pareció que lo de el titulo de mas grande era una poco para el merchandising.

Una vez habiendo entrado al pueblo, y haber aparcado en uno de sus aparcamientos de pago, pudimos ver mas relojes de este tipo, y que también hacían del reloj un espectáculo. La verdad es que el pueblo esta repleto de relojes.

Subimos por la carretera hacia arriba, y nos encontramos con el museo de la historia de la Selva Negra, Schwarzwaldmuseum, donde por 20 euros compramos entradas para ver el museo y las cascadas. El museo es un poco caótico, en poco espacio se exponen diferentes cosas, pero esta bien para ver un poco la historia, tradiciones y artesanía de la zona.

Y después de este viaje por el tiempo en la Selva Negra, nos acercamos a ver las cataratas de Triberg. Estas cataratas se pueden ver haciendo diferentes recorridos, en nuestro caso, empezando desde el mismo pueblo, accedimos a unas pasarelas que nos harán posibles ver  una bajada de 163 metros en 7 tramos diferentes con saltos más o menos suaves, una estampa  muy bella y un paseo en paralelo a las aguas del río Gutach,  totalmente recomendable. Hicimos una ruta circular, y lo que empezó por las pasarelas, termino por un camino de bosque, en el que aunque nosotros no picamos en comprar cacahuetes para poder verlos, pudimos ver alguna ardilla.
A la tarde, y viendo antiguas edificaciones, con sus tejados de paja por el camino,
fuimos  al lago Titisee, que como ya habíamos leído, nos a parecido demasiado turístico, y aunque teníamos pensado pasar la noche ahí, nos hemos comido dos copas de helado y un trozo de tarta y hemos optado adentrarnos a la selva, y en el camping hemos disfrutado de una barbacoa con unas buenas cervezas, que compramos por cajas. jejejeje (tanto las cajas como los cascos luego, se devuelven en los supermercados, y te dan tickets para canjearlos en caja. Además, aunque nos sorprenda, el agua es mascara que el agua, y por no gastar mucho, les damos agua a los niños, pero nosotros nos sacrificamos y bebemos cerveza)
Dejamos el campingplatz, y nos acercamos a la ciudad Freiburg, esta ciudad es toda una experiencia cualquier época del año. Paseando por la parte antigua nos sorprenden sus extraordinarios comercios, pasajes, su colorido mercado y el encanto de el barrio antiguo, con sus Gässle (callejuelas) e patios interiores.
Ver la arquitectura de sus edificios, dar una vuelta por el mercado, al lado de la Catedral, una catedral de estilo gótico, en el centro.

 

En el mercado, además de ver los puestos los artesanos, pudimos degustar unos perritos calientes en un puesto de comida.
 Mientras paseábamos, pudimos refrescarnos en los Bächle ( riachuelos) comer unos Donuts de la tienda donde nos recibían los Simpson.
Después, un poco de diversión para los niños y los mayores, en un pueblo llamado Todtnat, y mas específicamente, nos  acercamos a Hasenhorn Coaster Todtnau, te suben al monte en telesilla, y lo  bajas en un Bobsleigh, o trineo que se desliza en una ruta de 2,9 km de largo hacia el valle  guiado por rieles.
Se pueden montar los niños mayores de 3 años, acompañados hasta los 8 años, y siempre que midan menos de 1,40 metros. En nuestro caso, como el pequeño, aun teniendo mas de 8 años no media el mínimo, tuvo que ir con uno de nosotros, y la subida en telesilla, y bajada en los trineos nos costó 37 euros ( es posible subir en telesilla y bajar en bici o andando, y la verdad es que las vistas lo merecen, aunque no se quiera bajar en trineo).
Ese día nos hizo mucho calor, y como nos merecíamos un baño, nos acercamos al lago Shuluchsee, donde conseguimos un hueco para nosotros, ya que eran como pequeños huecos de entradas al agua, y estaban bastante solicitados.


Para terminar, en  un pueblo llamado Waldshut-Gurtweil, donde ya estamos al sur de La Selva negra, y tenemos Suiza al otro lado del rio, cenamos algunos platos de la zona, una ensalada de queso y Salchichas, Kroketten ( croquetas de patata) y Spätzle mit Eintopf ( fideos de huevo con estofado).
Al día siguiente, y ya para terminar nuestro viaje por estas tierras, nos acercamos a dar otra vuelta por otro lago, Lago Bergsee  que ofrece un entorno inmejorable para pasear o para disfrutar de caminatas. El sendero que rodea el lago es llano, y existe la posibilidad de alquilar un bote para explorar el lago sobre el agua. A no mucha distancia, las reservas naturales brindan a los amantes de los animales la oportunidad de observar la fauna autóctona.
De aquí, bajamos a una ciudad que esta un poco mas abajo, a unos 4 kilómetros, Bad Säckingen
se conoce por la “ciudad del trompetero” por la novela del autor alemán Joseph Victor von Scheffel.
 Esta ciudad se halla a orillas del río Rin en la frontera meridional de Alemania con Suiza, a unos 30 kilómetros al este de Basilea. Un puente cubierto de madera que comunica la ciudad con Suiza, mide 203,7 metros y es el más largo de Europa de estas características. Una ralla blanca pintada en el puente nos indica donde esta la frontera.

Además, desde este puente pudimos ver como hacen surf en el rio Rin…

Tras dar una vuelta por esta preciosa ciudad,  viendo sus numerosos jardines, calles y la catedral,

Nos fuimos hasta nuestra ultima visita visitando  las ruinas del castillo Burg Rötteln, en Lorrach. Esta en una colina boscosa, y aunque cuando fuimos ya era tarde, y estaba cerrada, pudimos dar una vuelta aunque no pudimos ver las vistas que debe de haber desde la torre. Esta fue nuestra aventura por la Selva negra, como decimos siempre, habremos dejado un montón de cosas preciosas para ver, ¡¡buena excusa para volver!!

 

3 comentarios de “SELVA NEGRA, ALEMANIA”

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